lunes, 9 de marzo de 2026

~Amistad~ Que palabra tan complicada.

ay, amigos..... cuanto tenemos todos que contar en este capítulo y que triste que así sea.

Creo firmemente que todo en esta vida hemos sido tóxicos. Tanto en amistades, como en relaciones familiares, o amorosas... En algún ámbito a nuestra vida, hemos tenido actitudes tóxicas. Estoy segura.

También puedo afirmar que esto es normal, y que lo importante es detectarlo a tiempo para poder solucionarlo entre las dos partes afectadas. El diálogo es la base de cualquier relación, y sin la otra persona te importa lo posible para poder arreglar lo que le hace daño.
 
El problema viene cuando no sabes detectarlo y crees que es algo normal. Ya no que sea algo normal, sino que encima, te lo mereces. Y que la que lo está haciendo mal eres tú, por eso te tratan así.

Las amistades tóxicas son las que más cuestan de detectar. Quizás por años, porque al principio todo parecía genial y estupendo y porque os jurasteis ser mejores amigos con el collar de un corazón partido a la mitad con las iniciales BFF. Pero a medida que pasó el tiempo, uno creció antes que el otro, o a la vez, pero con pensamientos y personalidades distintas que no encajaban, y seguíais formando las piezas de él puzle que se rompería.
 
Lo que a veces pasa es que uno es el que intenta forzar, y el otro el que se rompe. Y se deja romper, antes que la relación con su ~mejor amigo~.

Hay amistades que duran toda la vida, pero son muy pocas. Tenemos que entender que las personas evolucionamos, crecemos y maduramos, y que no somos los mismos cuando somos adolescentes que cuando empezamos a tener responsabilidades. No te sientas mal por alejarte de quien no te suma.

Hay otras personas que llegan muy fuertes, sienten la intensidad, deseas que duren para siempre, y de repente, se acaba. Muy rápido, y sin avisar. Y entonces comprendes un poco el ciclo de la vida. Y te queda con lo que te enseñó durante esa intensidad. Porque eso nunca se lo lleva.
 
Y luego están las que vienen de repente, de manera inesperada, y que poco a poco te explican el verdadero significado que tiene la palabra. Compartís gustos, opiniones, sueños. Pero sobre todo os interesa lo que os contáis. Y sentís que en cada conversación aprendéis algo nuevo. Es ahí donde te tienes que quedar.

No la busques, porque llega sola. Como toda en la vida. Tú disfrutas de todas las personas que vayas conociendo en el camino, porque cada una de ellas te estará enseñando algo. Algunas con dolor, otras con carcajadas. Pero la vida te pone ahí por alguna razón.

domingo, 8 de marzo de 2026

He vuelto para saber porque me fui

     Cuantas veces sufrí por esperar lo mismo que ofrecían mis 

     manos sin recibir ni siquiera algo parecido a lo que

 se me había prometido. 

He vuelto para saber porque me fui.

Hay veces que tu corazón te pido volver un lugar (o persona),
 haciendo caso omiso a tu mente, que le grita que si se fue de ahí,
 fue por algo. 

Una mañana te despiertas habiendo soñado que sucedía aquello
 que nunca llegó a pasar cuando pudo ser. Y entonces te entran
 las dudas de qué pasaría si pasara. Y se te olvida que de allí te
 fuiste por alguna razón. Bueno más bien se nos olvida la propia razón. 

Vas hacia allí como va un niño hacia una piruleta. Con los ojos
 brillantes y los brazos bien abiertos. Y el corazón a punto de estallar. 

Pero lo que te estalla es la realidad en la cara. Te acuerdas de que
 ahí nunca te sentiste completo, y que el vacío que tienes, no se 
llenará con esa persona. Por mucho que lo intente. Por mucho 
que fuerces la realidad para pensar que todo irá mejor.

Ese olor no te eriza la piel, esas manos no encajan en las tuyas,
 esa voz no te hace sentir nada al pronunciar tu nombre... esa
 persona no es para ti. 

Tuviste que volver a saber porque te fuiste.

Luna nueva

Cuando la luna no se ve y deja que sean las estrellas que le iluminen el escenario. Ella está reconstruyéndose, reinventándose, acompañándose en el duelo. Es el inicio de un nuevo comienzo. puede abarcar sentimientos de decepción, con la vida, con personas cercanas o con ella misma. Puede no sentirse valorada como se merece y por ello comenzará a abrir los ojos. Puede darse cuenta de la toxicidad que la rodea y querer empezar a poner de fin. Puede estar sintiendo esa horrible sensación de cuando el amor se acaba. Cuando ya no hay nada más que hacer, o si pero, no de la misma manera que se ha hecho hasta ahora. Puede no encontrarse a pesar de estar intentándolo constantemente porque quizás no sabe dónde buscar y no lo sabrá hasta que no pare de escucharse.

Esta es la fase en la que más tienes que abrazarte. En la que debes entender que no siempre se puede estar bien y que no pasa nada. Que la vida son ciclos y que no en todos puedes estar arriba. Hay veces que tardarás más en salir que otras, pero siempre saldrás. Con no desistir es suficiente .

sábado, 23 de agosto de 2025

La Psicología de Como Evitar la Tristeza

¡Hola a todos y bienvenidos a 'Conexiones Profundas'! hoy vamos a sumergirnos en un tema que toca a muchos de nosotros en algún momento: la psicología de cómo evitar la tristeza.

 La tristeza es una emoción humana natural, y es importante recordar que no siempre es algo que debamos 'evitar' a toda costa. A veces, sentir tristeza es una respuesta válida a pérdidas, decepciones o dificultades. Sin embargo, cuando la tristeza se vuelve persistente, abrumadora o interfiere significativamente con nuestra vida diaria, es cuando buscamos herramientas para gestionarla y, en muchos casos, para prevenir que se instale de forma crónica.

 Desde la perspectiva de la psicología, la tristeza a menudo se relaciona con la pérdida (real o percibida), la falta de control, el aislamiento social o incluso pensamientos negativos recurrentes. Entonces, para evitar caer en un pozo de tristeza, podemos trabajar en estas áreas.

 Una de las estrategias más poderosas es cultivar la resiliencia emocional. ¿Qué significa esto? Básicamente, es nuestra capacidad para adaptarnos y recuperarnos frente a la adversidad. Y la buena noticia es que la resiliencia se puede aprender y fortalecer.

¿Cómo lo hacemos? Aquí van algunos pilares psicológicos clave:

  1. Fomentar el optimismo realista: Esto no significa ignorar los problemas, sino tener una perspectiva equilibrada. Se trata de reconocer las dificultades, pero también de enfocarse en lo que sí podemos controlar y en las soluciones posibles. Pensar en términos de "esto es temporal" y "tengo recursos para afrontarlo" puede marcar una gran diferencia.
  2. Mantener conexiones sociales fuertes: Somos seres sociales por naturaleza. El aislamiento es un gran caldo de cultivo para la tristeza. Cultivar relaciones significativas, pasar tiempo con amigos y familiares, y buscar apoyo cuando lo necesitamos, actúa como un poderoso amortiguador contra la melancolía. Hablar de lo que sentimos con alguien de confianza puede aliviar enormemente la carga.
  3. Practicar la autocompasión: A menudo somos nuestros críticos más duros. Ser amables con nosotros mismos, especialmente en momentos difíciles, es fundamental. Esto implica tratarnos con la misma comprensión y cuidado que le daríamos a un amigo que está pasando por un mal momento. Reconocer que el sufrimiento es parte de la experiencia humana nos ayuda a no sentirnos solos en nuestras luchas.

 Otro aspecto crucial es la gestión de pensamientos. La terapia cognitivo-conductual (TCC) nos enseña que nuestros pensamientos influyen directamente en nuestras emociones. Si constantemente tenemos pensamientos negativos y catastróficos, es probable que nos sintamos tristes.

Aquí podemos aplicar técnicas como:
  • Identificar pensamientos negativos automáticos: ¿Qué te dices a ti mismo cuando te sientes decaído? Anotar estos pensamientos puede ser revelador.
  • Cuestionar esos pensamientos: ¿Son realmente ciertos? ¿Hay otra forma de ver la situación? ¿Qué evidencia tengo a favor o en contra de este pensamiento?
  • Reemplazar pensamientos negativos por otros más realistas y equilibrados: No se trata de autoengañarse, sino de adoptar una perspectiva más constructiva.
 Además de trabajar en nuestra mentalidad, las rutinas saludables que mencionamos en el episodio anterior son también grandes aliadas para prevenir la tristeza.

  • Actividad física regular: Como ya sabemos, libera endorfinas, las "hormonas de la felicidad", que mejoran nuestro estado de ánimo.
  • Sueño adecuado: La falta de sueño puede exacerbar sentimientos de tristeza y apatía.
  • Alimentación equilibrada: Lo que comemos afecta nuestro cerebro y nuestro estado de ánimo.
  • Establecer metas pequeñas y alcanzables: Lograr pequeñas metas nos da una sensación de propósito y eficacia, lo que combate la desesperanza.
 Y no podemos olvidar la importancia de encontrar significado y propósito. Tener algo que nos motive, ya sea un hobby, un proyecto, ayudar a otros o aprender algo nuevo, nos da una razón para levantarnos por la mañana y nos ayuda a mantener una perspectiva positiva, incluso cuando las cosas se ponen difíciles.

 Es importante recordar que, si la tristeza se vuelve demasiado pesada, buscar ayuda profesional es un signo de fortaleza, no de debilidad. Un terapeuta puede proporcionarte herramientas y estrategias personalizadas para navegar por estos sentimientos.

 En resumen, evitar la tristeza de forma proactiva implica cultivar la resiliencia, mantener conexiones sociales, practicar la autocompasión, gestionar nuestros pensamientos, cuidar nuestro cuerpo con hábitos saludables y buscar un propósito en la vida.

En nuestro próximo episodio, vamos a hablar sobre la psicología de la gratitud. ¿Cómo podemos cultivar un sentido de aprecio por lo que tenemos y cómo eso puede transformar nuestra perspectiva? ¡No se lo pierdan!

 Gracias por acompañarme en Conexiones Profundar. ¡Hasta la próxima, donde seguiremos explorando las maravillas de nuestra mente!

la Psicología de tener una Vida Rutinaria

¡Hola a todos y bienvenidos de nuevo a Conexiones Profundas! hoy vamos a hablar de algo que, para muchos, puede sonar un poco... predecible: la psicología de tener una vida rutinaria.

Cuando pensamos en "rutina", a veces nos viene a la mente algo aburrido, monótono, incluso restrictivo. La sociedad moderna a menudo glorifica la espontaneidad, la novedad constante. Pero ¿qué pasa si les dijera que una rutina bien construida es, en realidad, una de las herramientas más poderosas que tenemos para mejorar nuestro bienestar, reducir el estrés y alcanzar nuestras metas?

La psicología nos enseña que nuestro cerebro, en su esencia, busca la eficiencia. Las rutinas son básicamente atajos mentales. Cuando algo se convierte en un hábito, nuestro cerebro no necesita gastar tanta energía cognitiva en decidir cómo hacerlo. Simplemente, lo hace. Piensen en algo tan básico como vestirse por la mañana. No nos sentamos a pensar en cada paso, ¿verdad? Ya está automatizado.

 Y ahí reside el poder de la rutina: la automatización. Al automatizar ciertas acciones, liberamos nuestra mente para enfocarse en tareas más complejas, creativas o importantes. Esto puede significar tener más energía mental para resolver un problema en el trabajo, disfrutar de una conversación profunda con un ser querido, o simplemente tener espacio para la relajación.

Pero no todas las rutinas son iguales. Una rutina puede ser una jaula o puede ser un trampolín. La clave está en la intencionalidad. Una rutina intencional es aquella que diseñamos conscientemente para servir a nuestros valores y objetivos.

 Pensemos en algunos pilares de una vida rutinaria que impactan directamente en nuestro bienestar:
  1. Rutina de sueño: Dormir lo suficiente y tener un horario de sueño regular es fundamental. Nuestro cuerpo y mente funcionan mejor cuando respetamos nuestros ritmos circadianos. Una rutina de sueño, que incluya un ritual antes de acostarse, ayuda a señalizarle a nuestro cerebro que es hora de descansar, mejorando la calidad del sueño y, por ende, nuestro estado de ánimo, concentración y salud física.
  2. Rutina de alimentación: Comer a horas regulares y elegir alimentos saludables de forma consistente no solo nutre nuestro cuerpo, sino que también estabiliza nuestros niveles de energía y nuestro estado de ánimo. Evita esos picos y caídas de azúcar que nos hacen sentir irritables o apáticos.
  3. Rutinas de movimiento: Incorporar ejercicio físico de forma regular, ya sea una caminata diaria, una sesión de yoga o ir al gimnasio, libera endorfinas, reduce el estrés y mejora nuestra salud cardiovascular. Cuando se convierte en parte de tu rutina, deja de ser una lucha y se convierte en una necesidad.
  4. Rutinas de autocuidado y relajación: En un mundo que nos exige tanto, dedicar tiempo a actividades que nos recargan es crucial. Esto puede ser leer, meditar, escuchar música, pasar tiempo en la naturaleza, o cualquier cosa que te haga sentir bien. Integrar estos momentos en tu día o semana evita el agotamiento.
 ¿Y qué pasa si nuestra rutina actual no nos beneficia? ¿Si está llena de hábitos que nos agotan o nos impiden avanzar? Aquí es donde entra la psicología del cambio de hábitos, que ya exploramos en un episodio anterior, pero que es esencial para construir una rutina positiva.

 Una rutina no tiene por qué ser rígida e inmutable. La flexibilidad es importante. La vida nos presenta imprevistos, y una buena rutina te da la estructura para poder adaptarte a ellos sin desmoronarte. De hecho, tener una base sólida de rutina puede hacer que los momentos de espontaneidad sean aún más placenteros, porque sabes que puedes volver a tu estructura de apoyo cuando lo necesites.

 La rutina nos da una sensación de control. En un mundo que a menudo se siente caótico, saber qué esperar de tu día, de tu semana, puede ser increíblemente reconfortante. Reduce la ansiedad y nos da la seguridad para enfrentar los desafíos.

 Entonces, ¿cómo podemos empezar a construir una rutina que nos sirva?

  • Empieza pequeño: No intentes cambiar todo de la noche a la mañana. Elige un área (como la rutina de sueño) y enfócate en un pequeño cambio.
  • Sé específico: En lugar de "quiero hacer ejercicio", di "quiero caminar 30 minutos después del trabajo los lunes, miércoles y viernes".
  • Vincula hábitos: Une un nuevo hábito a uno que ya existe. Por ejemplo, "después de cepillarme los dientes, haré 5 minutos de meditación".
  • Sé paciente y compasivo contigo mismo: Habrá días en que no cumplas tu rutina. No te castigues. Simplemente, retómala al día siguiente.
 Una vida rutinaria, cuando se construye con intención y propósito, no es sinónimo de aburrimiento, sino de eficiencia, bienestar y control. Es una forma de honrar nuestro tiempo y nuestra energía, permitiéndonos vivir una vida más plena y satisfactoria.

 Gracias por acompañarme en Conexiones Profundas. ¡Hasta la próxima, donde seguiremos desentrañando los misterios de nuestra mente!

El Poder Invisible: Desentrañando la Psicología de los Hábitos

 ¡Hola, hola, y bienvenidos de nuevo a Conexiones Profundas!  Hoy nos adentramos en un tema que, aunque a veces invisible, tiene un poder inmenso sobre nuestras vidas: la psicología de los hábitos.

 Piénsalo un momento. ¿Cuántas de las cosas que haces a diario son realmente decisiones conscientes? Desde cepillarte los dientes por la mañana, tomar la misma ruta al trabajo, hasta cómo reaccionas cuando te sientes estresado... la mayoría de nuestras acciones están guiadas por hábitos. Son como pilotos automáticos que nuestro cerebro ha desarrollado para ahorrar energía. ¡Y vaya si son eficientes!

Pero ¿qué hace que un hábito sea tan poderoso? La psicología nos dice que los hábitos se forman a través de un ciclo de tres partes, a menudo llamado el bucle del hábito:

  1. La Señal o Detonante: Es el gatillo que inicia el comportamiento. Puede ser una hora del día, un lugar, una emoción, una persona, o una acción previa. Por ejemplo, sentirte aburrido puede ser la señal para revisar tu teléfono.
  2. La Rutina: Es el comportamiento en sí mismo, la acción que realizamos. En nuestro ejemplo, la rutina sería abrir la aplicación de redes sociales.
  3. La Recompensa: Es el beneficio que obtenemos de esa rutina, lo que satisface la señal. En este caso, la recompensa podría ser una distracción momentánea, una dosis de dopamina por ver una notificación, o la sensación de conexión social.
 Este ciclo se fortalece cada vez que lo repetimos. Nuestro cerebro empieza a asociar la señal con la recompensa, y la rutina se vuelve casi automática. Es como crear un camino bien transitado en el bosque de nuestra mente.

 Ahora, la gran pregunta:

 ¿Por qué es tan difícil cambiar esos hábitos que sabemos que no nos hacen bien? 

¡Ahí está la clave!
  • La Fuerza del Bucle: Como mencioné, el bucle se fortalece con la repetición. Para cambiar un hábito, no se trata solo de "no hacerlo", sino de *reemplazar* la rutina. Si la señal sigue ahí y la recompensa es deseada, nuestro cerebro buscará una forma de obtenerla.
  • La Resistencia al Cambio: Nuestro cerebro ama la familiaridad y la eficiencia. Cambiar un hábito implica crear un nuevo camino neuronal, lo cual requiere esfuerzo consciente y energía. Al principio, se siente antinatural, como caminar por un sendero recién abierto.
  • Las Emociones como Señales: Muchas veces, los hábitos están ligados a emociones. Si usas la comida para lidiar con el estrés, la señal no es solo "estar estresado", sino la *sensación* de estrés. Reemplazar esa rutina requiere encontrar otras formas de gestionar esa emoción.
  • La Falta de Claridad en la Recompensa: A veces, no somos conscientes de la verdadera recompensa que obtenemos de un mal hábito. Si no identificamos qué necesidad satisface, será difícil encontrar un reemplazo efectivo.
 Pero no todo está perdido. La buena noticia es que podemos diseñar e implementar hábitos positivos que impacten directamente en nuestro bienestar. ¿Cómo? Aquí van algunas estrategias basadas en la psicología:

  1. Identifica tu Bucle: Lo primero es la autoconciencia. Observa tus hábitos. ¿Cuál es la señal? ¿Cuál es la rutina? Y, crucialmente, ¿cuál es la recompensa? A veces, llevar un diario de hábitos puede ser muy revelador.
  2. Hazlo Obvio (La Señal): Para un nuevo hábito, haz que la señal sea lo más visible posible. Si quieres beber más agua, deja una botella en tu escritorio. Si quieres leer más, deja un libro en tu mesita de noche.
  3. Hazlo Atractivo (La Rutina): Asocia el nuevo hábito con algo que disfrutas. Escucha tu podcast favorito mientras haces ejercicio, o planifica una recompensa placentera después de completar una tarea importante.
  4. Hazlo Fácil (La Rutina): Reduce la fricción. Empieza pequeño. En lugar de "ir al gimnasio una hora", empieza con "hacer 10 sentadillas". La clave es la consistencia, no la intensidad inicial. Si quieres comer más sano, prepara tus comidas con antelación.
  5. Hazlo Satisfactorio (La Recompensa): Asegúrate de que la recompensa sea inmediata y gratificante. Celebra tus pequeños logros. Si cumples tu meta diaria de lectura, permítete un pequeño placer.
 Y si quieres eliminar un mal hábito, invierte el proceso:

  • Hazlo Invisible: Elimina las señales. Si quieres dejar de comer golosinas, no las tengas en casa.
  • Hazlo Poco Atractivo: Piensa en las consecuencias negativas del mal hábito. Visualiza cómo te afecta a largo plazo.
  • Hazlo Difícil: Añade fricción. Si quieres dejar de gastar dinero online, elimina tus datos de pago de las tiendas.
  • Hazlo Insatisfactorio: Haz que el hábito sea incómodo o que tenga una consecuencia negativa inmediata (siempre que sea saludable, claro).
Recordad que cambiar hábitos es un proceso, no un evento. Habrá días buenos y días en los que volvamos a caer en patrones antiguos. Y eso está bien. La clave es la persistencia y la autocompasión. Cada pequeño paso cuenta.

 La psicología de los hábitos nos enseña que no estamos a merced de nuestros comportamientos automáticos. Tenemos el poder de redirigir esos caminos neuronales, de construir una vida más alineada con nuestros objetivos y nuestro bienestar.

 Gracias por acompañarme en este episodio de "Conexiones Profundas". Espero que te lleves herramientas valiosas para empezar a moldear tus propios hábitos. ¡Hasta la próxima, donde seguiremos desentrañando los misterios de nuestra mente!

El Laberinto de la Mente: Cómo Pensamos, Sentimos y Actuamos

 ¡Hola a todos y bienvenidos a Conexiones Profundas! en este espacio nos aventuramos en el fascinante y a menudo enigmático universo de la psicología. Hoy, en nuestro primer episodio, vamos a empezar por el principio: las complejidades de la mente humana y cómo estas determinan no solo quiénes somos, sino también el mundo que creamos a nuestro alrededor.

Piensen por un momento en todo lo que sucede dentro de nuestras cabezas. Desde el pensamiento más simple hasta las emociones más complejas, pasando por las decisiones que tomamos a cada instante. Nuestra mente es un motor increíblemente potente, pero también un laberinto lleno de recovecos. ¿Alguna vez se han preguntado por qué reaccionamos de cierta manera ante una situación? ¿O por qué tenemos ciertos miedos, deseos o motivaciones? La psicología nos ofrece las herramientas para empezar a desentrañar estas preguntas.

Empecemos por los procesos cognitivos básicos: la percepción, la atención, la memoria y el lenguaje. Estos son los cimientos sobre los que construimos nuestra realidad. Nuestra percepción no es una ventana objetiva al mundo; es una interpretación, filtrada por nuestras experiencias pasadas, nuestras creencias y nuestras emociones. Dos personas pueden presenciar el mismo evento y recordarlo de maneras completamente diferentes, ¿no les parece increíble?

 Y la atención, ¡qué bien gestionada o mal gestionada está! En un mundo lleno de estímulos, nuestra capacidad para enfocarnos es un superpoder. Pero también somos susceptibles a la distracción, al sesgo de confirmación (esa tendencia a buscar información que confirme lo que ya creemos) y a la heurística, que son atajos mentales que usamos para tomar decisiones rápidas, pero que a veces nos llevan por caminos equivocados.

Luego están las emociones. No son solo reacciones; son señales, información valiosa sobre nuestro entorno y nuestro estado interno. La alegría, la tristeza, el miedo, la ira... cada una tiene una función evolutiva. Pero ¿cómo aprendemos a gestionar estas emociones? Aquí entra la regulación emocional. Si no aprendemos a manejar la frustración o la ansiedad, estas pueden impactar negativamente en nuestras relaciones, nuestro trabajo y nuestra salud general.

Y ¿qué me dicen de la motivación? ¿Qué nos impulsa a levantarnos cada mañana? ¿A perseguir nuestros sueños? La psicología explora desde las motivaciones intrínsecas (hacer algo porque nos gusta) hasta las extrínsecas (hacer algo por una recompensa externa). Entender nuestras motivaciones es clave para alcanzar metas y sentirnos realizados.

 Ahora, ¿cómo impactan todas estas complejidades de nuestra mente en el mundo que nos rodea?

  • En nuestras relaciones: La forma en que nos comunicamos, cómo interpretamos las intenciones de los demás, nuestra capacidad para la empatía... todo esto está profundamente anclado en nuestra psicología. Los malentendidos, los conflictos, pero también la conexión y el amor, nacen en la mente.
  • En la sociedad: Desde la forma en que se diseñan las ciudades para influir en nuestro comportamiento, hasta las campañas políticas que apelan a nuestras emociones, la psicología social es omnipresente. La formación de grupos, los prejuicios, la persuasión... todo moldea la estructura de nuestra sociedad.
  • En la innovación y la creatividad: La capacidad humana para imaginar, para crear algo de la nada, es uno de los aspectos más asombrosos de nuestra mente. La psicología de la creatividad nos ayuda a entender cómo surgen las nuevas ideas y cómo podemos fomentar un entorno propicio para ellas.
Nuestro cerebro es, en esencia, un sistema de predicción. Constantemente está intentando anticipar lo que va a suceder basándose en experiencias pasadas. Esto nos ayuda a navegar el mundo, pero también puede llevarnos a ser reacios al cambio o a aferrarnos a viejos patrones, incluso cuando ya no nos sirven.

 La belleza de la psicología es que nos ofrece una forma de entendernos mejor a nosotros mismos y a los demás. No se trata solo de teorías abstractas; se trata de la vida cotidiana, de cómo vivimos, amamos, trabajamos y nos relacionamos.

Gracias por acompañarnos en este primer viaje por Conexiones Profundas. ¡Espero que hayan quedado con ganas de más! Hasta la próxima.

~Amistad~ Que palabra tan complicada.

ay, amigos..... cuanto tenemos todos que contar en este capítulo y que triste que así sea. Creo firmemente que todo en esta vida hemos sido ...