Cuantas veces sufrí por esperar lo mismo que ofrecían mis
manos sin recibir ni siquiera algo parecido a lo que
se me había prometido.
He vuelto para saber porque me fui.
Hay veces que tu corazón te pido volver un lugar (o persona),
haciendo caso omiso a tu mente, que le grita que si se fue de ahí,
fue por algo.
Una mañana te despiertas habiendo soñado que sucedía aquello
que nunca llegó a pasar cuando pudo ser. Y entonces te entran
las dudas de qué pasaría si pasara. Y se te olvida que de allí te
fuiste por alguna razón. Bueno más bien se nos olvida la propia razón.
Vas hacia allí como va un niño hacia una piruleta. Con los ojos
brillantes y los brazos bien abiertos. Y el corazón a punto de estallar.
Pero lo que te estalla es la realidad en la cara. Te acuerdas de que
ahí nunca te sentiste completo, y que el vacío que tienes, no se
llenará con esa persona. Por mucho que lo intente. Por mucho
que fuerces la realidad para pensar que todo irá mejor.
Ese olor no te eriza la piel, esas manos no encajan en las tuyas,
esa voz no te hace sentir nada al pronunciar tu nombre... esa
persona no es para ti.
Tuviste que volver a saber porque te fuiste.
No hay comentarios:
Publicar un comentario